Los Colonos de Catan

8 de April del 2017

No se puede empezar un blog de análisis de juegos de mesa sin que el Catan sea el primero de ellos. No tanto por su calidad y jugabilidad, que sin duda son geniales, sino por lo que significó.

Este juego nació en 1995 de la mente de Klaus Teuber. En aquel entonces en mi casa se jugaba en familia a las cartas, al Parchís, la Oca, Hotel, Monopoly,… y poco más. No existían muchas más opciones. O al menos no se conocían. Juegos de dados, de casillas, de mucha suerte y poco pensar. Era lo que se llevaba. Vale, estaba el Party, Scattergories, Tabú,… party games sociales que la gente que no nos gusta hacer el ridículo en familia ni siquiera nos planteábamos. Estaban bien para grupos de amigos, pero para jugar con tus padres y hermanos… no.

Entonces llegó el eurogame a nuestra vida de mano del Catan. Un juego de reglas sencillas, con una sutil estrategia, y que te hace jugar no sólo en tu turno, sino en el turno del resto de jugadores. Un juego donde también hay dados y por tanto influye la suerte, pero que su importancia a la hora de decidir la victoria es ínfima si lo comparamos al Hotel, al mus o al Parchís.

Jugué al Catan con mis hermanos, luego con mis padres, con mis amigos, con los compañeros de clase,… jugabas decenas de partidas, y cada una era distinta, cada vez te faltaba un material diferente y había luchas encarnizadas por conseguir posiciones con recursos que en la partida anterior abundaban y no se daban importancia.
Además, no tirabas los dados en tu turno, jugabas y esperabas toda la ronda para volver a participar en el juego. Tú tenías tu turno donde comerciabas, sí, pero también lo hacías en el turno de los demás, permaneciendo activo durante el transcurso de todo la partida.

Un nuevo mundo lúdico aparecía ante mis ojos, y a este juego le siguieron muchos más: Carcassonne, Agrícola, Pilares de la Tierra, Caylus,… eurogames magníficos. Pero el primero fue éste, Los Colonos de Catán, y es justo apreciar lo que consiguió: dar a conocer un modo de juego completamente distinto a todo hasta la fecha.
¿Era el primer eurogame que salió al mercado? No, pero fue el primero en llegar a mi casa, y como a la mía, a muchas otras. No fue el primero, pero sí el más popular.

Para los que no lo conozcan, en el Catan tú eres un colono en una isla. Esta isla cada partida varía, porque está formada de hexágonos que producen distintos materiales, y cada partida estos hexágonos se colocan al azar, por lo que los recursos quedan repartidos por la isla de manera diferente cada vez.  Comienzas con dos asentamientos situados en los vértices de los hexágonos, cada uno de los cuales tiene un número del 2 al 12 (menos el número 7) que también varía cada partida. Estos hexágonos numerados producen distintos materiales que obtienen los jugadores cada vez que sale en los dados el valor indicado, independientemente de quien haya tirado los dados. 
Con esos materiales puedes construir más asentamientos, ciudades y caminos que te dan puntos y que te permiten a su vez tener más opciones de recibir materiales en cada tirada. Muchas veces no tendrás los materiales necesarios para llevar a cabo tu plan, por lo que deberás comerciar con el resto de jugadores, intercambiando materiales y tratando de obtener el mayor beneficio posible.

Hay que llegar a diez puntos, y el primero en hacerlo se proclama vencedor.

En dos rondas aprendes a jugar. Aprender a negociar, manipular, sacar provecho de la escasez y conseguir la victoria de una forma frecuente, se tarda un poquito más.

Para terminar, decir que el Catan es un gran juego, que me ha proporcionado muchísimas horas de diversión, y que siempre recordaré con un cariño especial.